Si me preguntas qué anhelo de ti, de alguien que ya no conozco, de una persona que decidió tomar su aprendizaje e irse de mí, te diriía que justamente todo ello es lo que anhelo; volver a conocerte de ti y no sólo de la pista que te he seguido, hubiera querido me contaras más a fondo sobre tus clases de baile, tus graduaciones académicas, tus goces, tus derrotas; hubiera anhelado una segunda oportunidad que llegara a la par de mi aprendizaje, como diciéndome "Cámara vas, rífate, a ver sí sí cierto".
Dentro del Diagnóstico también se encuentra un retraso en la velocidad que, según mi perfil, debería poseer en mis procesos ejecutivos del pensamiento. No sé si eso tenga que ver con las malas decisiones que forman las baldosas de mi camino, la acciones gestadas en la prisa de mi sentir, en esa bruma que me envuelve cada que tomo una decisión. Mi corazón se congeló al escuchar preguntas como la de tu padre ofreciéndome habitar un cuarto en el departamento de tu familia, o tu pregunta sobre si me gustaría un baile sensual en babydoll de tu parte. Lo piscis, lo sagitario.
Dejé de enfocarme en expectativas y esto me condujo a ciertas ambiciones más individuales, más no por ello egoístas: un hogar donde invitar a mi gente, una profesión en la cual encontrarme gozando mis esfuerzo para después compartirlo, una solvencia de mis necesidades básicas para apoyar a las de la otredad. Y allí, entre todas esas ambiciones intrapersonales, de pronto me pregunté si existía una plaza extra, un lugar para el acompañamiento y la complicidad. Allí te pensé.
Me quedo aquí, con la ternura, las ganas y la admiración en un bolsillo, cayendo en tardía cuenta de que que sí es y sí era amor, y que éste desea la felicidad de ese extremo que no es el propio. Me las quedo porque aunque no lleguen en tiempo sincrónico contigo, sé que son reales.
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