Al desempacar el mandado, me percate de la poca atención que prestamos a los nudos; solemos apretarlos como si nunca fueran a deshacerse, como si nuestra obsesión por lo eterno se desahogara en cada nudo que atamos. Si bien los nudos fueron hechos para unir o sujetar un par de cosas que de principio estaban cada una por su cuenta, éstas no siempre deben permanecer atadas, es decir, en el principio ontológico del nudo recaen los propósitos de unión y desunión por igual, a pesar de que siempre olvidamos lo segundo.
Se anudan las bolsas para que su contenido no se salga. Se anudan los cordones de los zapatos para que se ajusten a los pies y evitemos los tropiezos. Se anudan las cortinas cada mañana para ilusionarnos con un nuevo comienzo.
¿Será el nudo sinónimo de amarre? O tal vez estoy confundido y mientras que el amarre puede deshacerse, el nudo cobra sentido al estar hecho y no antes o después de esto. No lo sé, hay cosas en las que pienso es mejor no ahondar o podría perderme en sus profundidades, como ésta.
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