domingo, 30 de mayo de 2021

Está de fiesta la imaginación.

Algunos días le concedo mi certeza emocional al evento astronómico en turno, lo cual no sólo me facilita ubicarme en tiempo y espacio sino que puedo dejar de excavar en la primer grieta mental que me encuentre. Así lo he hecho en esta última semana, de otra manera me encontraría más de tres veces al día al borde del abismo, de ir a esperarte a la salida y dar la cara por calmar esta ansia de saber si soy el único extremo del lazo que sigue soñando un aroma que no es el mío.

En esta época ya existe un nombre y una catalogación para casi todo comportamiento humano, y para lo que no es porque suele ser tan poco entendible, tan aborrecible acaso, que es mejor no moverle, dejarlo ahí, innombrable, cuasi olvidado. ¿Cuál será el nombre para nuestro comportamiento? Éste que es una mezcla de estocolmo con heridas de abandono y dos pizcas de autoengaño, éste que confundido por la ternura se transformó en una intimidad pública y a la vez con menos pruebas fidedignas de su existencia.

Las noches de esta última semana me ha vuelto también la pregunta de qué habrá pasado con tu reproducción de nuestra foto, si aun existe sobre tu mesa de noche o si ya es historia del reciclado municipal. A veces quiero llorar entre esa pregunta y las respuestas que me doy, pero no puedo por más que mi enorme cuerpo se inunda de tristeza; esas veces que no puedo, algún perro vecino aulla como para calmar mi corazón, que también es de perro.

Ocho años y medio.

Si me preguntas qué anhelo de ti, de alguien que ya no conozco, de una persona que decidió tomar su aprendizaje e irse de mí, te diriía que justamente todo ello es lo que anhelo; volver a conocerte de ti y no sólo de la pista que te he seguido, hubiera querido me contaras más a fondo sobre tus clases de baile, tus graduaciones académicas, tus goces, tus derrotas; hubiera anhelado una segunda oportunidad que llegara a la par de mi aprendizaje, como diciéndome "Cámara vas, rífate, a ver sí sí cierto". 

Dentro del Diagnóstico también se encuentra un retraso en la velocidad que, según mi perfil, debería poseer en mis procesos ejecutivos del pensamiento. No sé si eso tenga que ver con las malas decisiones que forman las baldosas de mi camino, la acciones gestadas en la prisa de mi sentir, en esa bruma que me envuelve cada que tomo una decisión. Mi corazón se congeló al escuchar preguntas como la de tu padre ofreciéndome habitar un cuarto en el departamento de tu familia, o tu pregunta sobre si me gustaría un baile sensual en babydoll de tu parte. Lo piscis, lo sagitario.

Dejé de enfocarme en expectativas y esto me condujo a ciertas ambiciones más individuales, más no por ello egoístas: un hogar donde invitar a mi gente, una profesión en la cual encontrarme gozando mis esfuerzo para después compartirlo, una solvencia de mis necesidades básicas para apoyar a las de la otredad. Y allí, entre todas esas ambiciones intrapersonales, de pronto me pregunté si existía una plaza extra, un lugar para el acompañamiento y la complicidad. Allí te pensé.

Me quedo aquí, con la ternura, las ganas y la admiración en un bolsillo, cayendo en tardía cuenta de que que sí es y sí era amor, y que éste desea la felicidad de ese extremo que no es el propio. Me las quedo porque aunque no lleguen en tiempo sincrónico contigo, sé que son reales.

Diagnóstico

Me dijeron que llegará un día en que lo bueno que me queda no será suficiente para compensar lo otro, lo alterado, lo que se ha dañado en mí. Que hasta ahora lo he llevado bien por mis niveles cognitivos, es decir, la inteligencia que poseo por mí mismo y la que he obtenido con recursos provenientes de mis privilegios de clase, se han encargado valientemente de ocultar esta sombra de la conciencia, estas  atrofiaduras causadas a voluntad durante once años; pero todo por servir se acaba, y a este ritmo no me dan más de cuatro años para que la sombra comience a extenderse.

Bien lo dijo la FranLebowitz, que sus amigos fumetas no son los más brillantes ni son lo que eran hace cuarenta años. O si quieres verlo con otra referencia igual de ácida, ahí están los videos de elporromepega del PeterCapusoto. También me lo dijeron, que tiendo a recordar tanto paradójica como inversamente a los procesos de memoria tradicionales, es decir, mientras más pistas me dan sobre el recuerdo, más interferencia y duda se generan en la evocación. Bien lo dijo el FranCisneros: estoy jodidx.

martes, 25 de mayo de 2021

Nudos y amarres

Al desempacar el mandado, me percate de la poca atención que prestamos a los nudos; solemos apretarlos como si nunca fueran a deshacerse, como si nuestra obsesión por lo eterno se desahogara en cada nudo que atamos. Si bien los nudos fueron hechos para unir o sujetar un par de cosas que de principio estaban cada una por su cuenta, éstas no siempre deben permanecer atadas, es decir, en el principio ontológico del nudo recaen los propósitos de unión y desunión por igual, a pesar de que siempre olvidamos lo segundo.

Se anudan las bolsas para que su contenido no se salga. Se anudan los cordones de los zapatos para que se ajusten a los pies y evitemos los tropiezos. Se anudan las cortinas cada mañana para ilusionarnos con un nuevo comienzo.

¿Será el nudo sinónimo de amarre? O tal vez estoy confundido y mientras que el amarre puede deshacerse, el nudo cobra sentido al estar hecho y no antes o después de esto. No lo sé, hay cosas en las que pienso es mejor no ahondar o podría perderme en sus profundidades, como ésta.