Hace siete años que regresé a La Ciudad, hace siete años y varios olvidos (con diagnóstico y todo).
Desde hace siete años vengo prometiendo que sólo será por un rato para continuar quedándome acá, atraído por una extraña gravitación que empata con las características físicas de mi cuerpo y no me suelta del sistema gravitatorio de La Ciudad.
He tenido tantas ideas de escapatoria como ganas de seguir viviendo, algunas de ellas han sido: conseguirme empleo fuera de La Ciudad, refugiarme afectivamente con alguien que no viva en La Ciudad, ahorrar e ir a probar suerte una vez estando refugiadamente en La Ciudad, conseguir una residencia y/o estancia de investigación becada en algún sitio lejos de esta Ciudad, o estudiar un posgrado becado en otro lado que no sea La Ciudad. La mayoría de estas posibilidades escapatorias se han visto truncadas por una falsa confianza que siempre me dice "Ésta es la buena".
Este año decidí abandonar dichas esperanzas después de un severo golpe físico a mi compañera canina, a mí y a mi nave nodriza; podré aguantar los trancazos emocionales donde súper pongo capas de nuevos planes, pero bien dice Nacho que son idénticas estrategias, y en los trancazos físicos no tengo súper poderes y el tiempo me carcome cada vez más rápido.
Este año decidí rendirme ante esta lucha que se ha vuelto constante, la lucha por un escape último y definitivo; decidí rendirme y contemplar la derrota así como todo aquello que venga en consecuencia de ella. Y allí, llegaste tú.
No hay comentarios:
Publicar un comentario