Toluca, México, a 21 de Octubre de 2009.
Querida Inés:
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En la redacción que será hoy para ti, te contaré muchos detalles particulares que en realidad vienen siendo más bien ordinarios y hasta cierto punto irracionales. Comenzaré platicándote que en el camino de regreso a casa, pude observar la luna, esa luna de octubre cuya belleza me recordo a un rostro que en la vida conocí, observe, aprecié y me enamoré de el; hice memoria, una y otra vez, intentando traer al frente de mis ojos la imagen sublime. Logré poner tu figuración ante la faz de mi inspección.
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Inés, prenda de mis oídos, aparentas un alterego de lo que he deseado en la vida, de lo que una sinfonía no compuesta me depara al escucharla, al deleitarme con su sonoridad callada y fragosa.
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La noche anterior a esta, mientras observaba de nuevo, mientras me imaginaba estando allá, donde anhelo, pude llegar a una conclusión que al final consideré falacia y espero que así sea; esta fue que, demasiado menor a tus expectativas llego a ser y por lo mismo una pureza de tu cariño no merezco.
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Pido que se dibuje ante mí un destino que no me aleje de tí, que no permita quitar el término de falacia a la conclusión pensada.
Por hoy, un beso cargado de fervor en tu mano derecha y un te escribo pronto.
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María Cisneros.
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