Llevemos una relación covalente coordinada, entendiéndola como ese neoliberalismo que nos permite pecar sin dejar huellas, siendo quastuosas y a la vez santas, pero sin abandonar el dejo de la voz.
Pienso que el sonido me llama, la sangre coagula y nos lleva imprudentemente a un encuentro no cercano pero si del tercer tipo, más inesperado que Haydn con la 94, pero menos sorpresivo que una llamada tuya.
Calmémonos para retirarnos y coincidir en que no sólo es verbo lo que yace entre las palabras, es mas bien un agujero blanco expulsando latidos de sonoridad.
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