Herido de costado y sin camino, cansado de la academia, de las papas fritas y de ser amable, decidí que no quiero huir sin antes verte por última vez. Verte, y acaso me veas, con la única luz de los rayos de tormentas, esa luz que alumbra y a la vez parte, esa única prueba de la existencia del ahora, luz que difiera a la de una vela en este/mi/tu entierro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario