Sé que te extraño, lo sé porque anhelo sentirme como en la foto de Chapultepec, esa del tren donde parece que viajaremos muy lejos de aquí… Bueno, tú sí lo lograste, ahora andas caminando allá por las Europas.
Sé que te extraño porque invoco tu nombre en cada crónica que le cuento a la May, y entonces sólo te nombro por "compañera" o "conocida" porque ya no sé cómo explicarnos ante otrxs que no seamos tú y yo.
Sé que te extraño y extraño tu olor, la temperatura a la que se encuentra tu piel, así como tu cabello enredándose en mis aretes, aretes que ya no uso desde hace tiempo. Imagina cuánto te extraño.
Sé que te extraño porque has sido y serás lo mejor que me pudiera suceder, porque fue y ya no será, y extrañaré que sea como te extraño ahora a ti. Así es mi filosofía del apego, muy cantinfleada, algo que probablemente nadie más allá de mí entienda.
Sé que te extraño porque he aprendido a extrañar, algo que no me ha sucedido con amar (sí, aun continuo sin saber qué se siente "amar". Sí, que he mentido y me he inventado nombres de "amores").
Sé que te extraño porque te confieso cómo me siento con el fin de que vuelvas al menos a pegarme una cachetada. Pero que vuelvas pronto.